Dicen que los mayas pronosticaron que esto pegaría el petardazo allá por 2012. No sé si acertarán, pero vaya, está claro que de los pronósticos mayas poco nos tiene que importar ahora.
El triunfo de la "Roja", la selección de fútbol española, ha sido rotundo. Dieron una lección de buen juego frente a una Alemania que no dio la talla y frente a una Holanda que más que jugar al balonpié parecía que estaban en un Ring de Pressing Catch.
Hasta ahí bien. El beso de Casillas a su novia periodista, el pulpo... fenómenos televisivos que han hecho de la final del mundial un espectáculo entretenido y aparentemente naïf. Pero no estoy de acuerdo.
Empiezo por explicar que me alegré, cómo no, de la victoria de los españoles. No por un sentimiento de hermanamiento con ellos, ni por una cuestión patria, ni nada de eso. Es que son los que me quedan más cerca, e Iniesta parece un buen tipo. Practican un fútbol bonito y eso es innegable. Aunque conste que con la primas que recibirán se podrían hacer muchas cosas (no lo digo por mí, hay mucha gente viviendo en la calle... )
Ahora bien, que de repente me toque leer por doquier "qué grande es ser español", "ahora todos sentimos los colores", "lucimos con orgullo nuestra bandera"... Por favor, ser español es una caspa, con o sin mundial. 4 millones y pico de parados, una crisis que no pasa nunca, pandereta, toros y tortilla de patata, y una realidad nacional que no se cree nadie. Resulta que el Tribunal Constitucional niega la identidad de Cataluña (conscuentemente niega la Gallega y la Vasca) Y aquí lo de ser español, después de 40 años de dictadura españolista y garrula, pues resulta que no está nada claro. No se confundan, no soy nacionalista, ni patriota, ni creo en banderas o símbolos patrios, pero sí creo en las culturas endémicas, en lo que es de cada zona, tanto lingüísticamente como folklóricamente. Aclarar que tampoco veo mucha más diferencia entre unos sitios y otros que la gastronomía el traje regional y la lengua característica, que ya es bastante, y aún así pido disculpas por no apreciar más detalles, que lo mismo los hay, aunque no me di cuenta.
Las banderas desde mi perspectiva son un cáncer. Un trapo de colores que se supone hay que llevar dentro del corazón. Por favor. Si las banderas fueran tan buenas nos las podríamos comer, y adios crisis. Y eso va para todos. Ahora, que en la selección de fútbol había un poco de todos lados, y que demostraron lo que es jugar en equipo, eso no lo pongo en duda. Pero por favor, la bandera rojigualda por doquier... ese repentino "arriba España", ese patrioterismo cutre... Yo fui de negro a ver la final, por si acaso... nunca entenderé como un acontecimiento deportivo derrumba principios. Cierto es que lo celebré, me emborraché y me lo pasé pipa. Pero ya está. Al día siguiente seguía siendo igual de apátrida, de parado, y de capullo, y encima con resaca. La conclusión, este país es una mentira, y ya desde hace mucho tiempo, y en aras del españolismo de pacotilla se sigue viendo mal que en ciertos sitios se hable distinto, o la cultura sea diferente, cuando son hechos que están ahí, y los cuales deberíamos admirar. Pero no. Seamos españoles... seamos españoles en español. España es una, grande, libre... y una mierda. El estado español, mal que les pese a algunos es multicultural y no sólo tiene una lengua ni una manera de hacer el pan. Y hasta el día que eso no lo veamos todos, seguiremos siendo unos desgraciados con boina que miran hacia la bandera rojigualda (un rallo de sol entre dos gotas de sangre, le oí decir a un imbécil en León), aquella que Franco hizo ondear por doquier, e imponer a todo aquel que se la quiso creer y al que no también, mientras los que no la quieren mirar seguirán siendo niguneados en aras de un sentimiento que realmente no entiendo ni entenderé, y que obviamente, ellos no quieren.
Las banderas no dan de comer, señoras y señores... Las banderas matan. Matan culturas, matan gente, matan sueños. Y nosotros con los Borbones a cuestas... aguantando un centralismo monárquico obsoleto y un neoliberalismo económico que nos viene grande y que es tanto o más injusto que cualquier sistema conocido.
Por último, encima tenemos el oráculo más estúpido de la historia. Un pulpo. Un cefalópodo que se mete en una urna a comerse un mejillón. Joder, qué pasón. Se para el mundo para ver a un pulpo comer. Podían ponerle a adivinar qué países van a ir a la bancarrota antes, ya que se están, porque es lo que nos queda... Antes el futuro lo adivinaban los hechiceros, el oráculo de Delfos, la pitonisa Lola.... y esto ha degenerado en un pulpiño que seguro que a feira está buenísimo, pero como adivina los resultados del fútbol será indultado. Pues nada, espero que el pulpo sea feliz, y que nadie se sienta ofendido por mis palabras. Es mi humilde opinión, y ya es suficiente. Sean tan felices como el pulpo, aunque no lucirán como él con unos cachelos y pimentón...