Es brutal lo que nos gusta socializar. Nos encanta.
Una cena, una fiesta, un bar, una discoteca, un curso... lo que sea con tal de hacer contactos con el exterior. Parece una manera de conocer gente, de expandirse, de ver algo nuevo.
Pero al final es mentira. Nos gusta socializar con quien ya conocemos, por aquello de que la confianza nos otorga el placer de la compañía... pero hay una falta de esa misma confianza. Todos socializamos encantados de la vida, pero nos comunicamos de forma verbal y visual, cuando la verdadera confianza se demuestra en una cierta comunicación no verbal, exhalando gases por algún orificio, diciendo aquello que realmente se nos acontece en nuestro bien-(o mal)parido cerebro. Ahí está la verdadera confianza, en el tirarte un pedo, y no esperar que el otro conteste, si no en el pensar que el otro lo disfrutará tanto como tú...
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